En los últimos años, España ha sido elogiada por su elevado ritmo de crecimiento del PIB, pero ¿quién realmente se beneficia de ese avance económico? Este artículo propone una mirada crítica y esperanzadora sobre robusto crecimiento macro pero malestar micro, explorando cómo trasladar el éxito agregado a mejoras en el bienestar individual.
Contexto macro: crecimiento vs salario
Entre 2021 y 2024, el PIB español registró un incremento aproximado de 12,9 puntos porcentuales, una cifra que posiciona al país como una de las economías más dinámicas de Europa. Sin embargo, gran parte de ese avance se ha sustentado en un crecimiento extensivo basado en más empleo, en lugar de en un aumento sostenido del salario real por trabajador.
El desglose de ese crecimiento revela que 6,5 puntos proceden de mejoras en la productividad total de los factores, 4,6 puntos del mayor uso de mano de obra y solo 1,6 puntos de la contribución del capital físico. A pesar de la creación de empleo y la mejora de la eficiencia, el salario real por trabajador ha caído un 0,8 %, y el salario real por hora se ha reducido un 0,6 %.
¿Por qué el crecimiento no llega al salario?
La clave está en la tensión entre crecimiento extensivo frente a intensivo sostenible. Un aumento del empleo y de las horas trabajadas impulsa el PIB, pero no garantiza un reparto equilibrado de los beneficios entre los trabajadores. España ha empleado mano de obra adicional sin traducir ese empuje en subidas sustanciales de remuneraciones individuales.
La productividad es el auténtico motor de los salarios. Sin un salto tecnológico y formativo que eleve la producción por trabajador, el poder adquisitivo seguirá estancado. Además, la dualidad sectorial y la elevada tasa de paro estructural limitan el poder de negociación salarial:
- En sectores con mano de obra abundante y baja cualificación, las empresas apenas ofrecen incrementos de sueldo.
- Los empleos en tecnología y servicios públicos cualificados obtienen retribuciones superiores a la media.
- La persistencia de desempleo estructural crea un mercado laboral de alta oferta y baja presión al alza en salarios.
Bienestar real: vivienda, precariedad y desigualdad
El análisis de bienestar va más allá del salario. Un informe de Cáritas destaca la vivienda inaccesible y empleo precario distorsiona bienestar. El alza de los precios de la vivienda y los costes fijos empresariales elevan el umbral mínimo de supervivencia de las familias y dificultan el desarrollo de pymes.
Por otro lado, la reducción parcial de la desigualdad salarial registrada desde 2013 todavía no compensa la creciente brecha social. La falta de trabajo decente y la informalidad laboral generan una situación de vulnerabilidad persistente en muchos hogares, mientras que la brecha salarial de género sigue siendo un desafío a nivel global.
La paradoja: PIB al alza, pobreza también
Resulta paradójico que un PIB casi un 15 % superior al de hace cuatro años conviva con un aumento de la pobreza relativa. El crecimiento futuro de 2,6 % en 2025 y 2 % en 2026 se basa principalmente en:
- La recuperación intensa del turismo.
- Inversiones en infraestructuras públicas.
- Incremento de exportaciones vinculadas al sector servicios.
- Adopción inicial de tecnologías emergentes como la IA.
Gran parte de estos beneficios recae en grandes corporaciones, mientras que las pymes, responsables del 99 % del tejido empresarial y del 65 % del empleo, ven limitada su capacidad de reinversión y mejora salarial. Así se refuerza la paradoja de PIB en ascenso y pobreza creciente, un fenómeno que exige atención urgente.
Hacia un crecimiento inclusivo: ODS 8 y más allá
El Objetivo de Desarrollo Sostenible 8 de la ONU plantea promover crecimiento económico inclusivo y trabajo decente. Sus metas incluyen mantener el crecimiento del PIB per cápita y aumentar la productividad mediante modernización tecnológica, diversificación e innovación.
Para trasladar esas directrices a la realidad española, es necesario un enfoque integral que incluya:
- Formación continua y reconversión profesional en sectores de alto valor añadido.
- Impulso a la inversión en I+D y a la digitalización de pymes.
- Políticas de vivienda asequible que reduzcan la presión sobre el salario disponible.
- Fortalecimiento de la negociación colectiva y mejora de la protección social.
Solo así podremos trascender la mera cifra del salario y construir un modelo donde el progreso económico se traduzca en oportunidades reales para todas las personas.
Conclusión
El gran reto de España no es simplemente crecer más, sino crecer mejor. Eso implica repensar el modelo productivo, reforzar la formación, fomentar la innovación y garantizar unas condiciones de vida dignas. Al mirar más allá del salario mensual y adoptar una visión holística del bienestar, podremos construir una economía más justa, resiliente y próspera para todos.